El Krampus rodaba rápidamente entre la sal que inevitablemente se le metía entre los vellos de la entrepierna, recordaba lentamente a su idiota víctima mientras una lágrima caía por su mejilla hasta tocar su colmillo izquierdo mientras con el brazo derecho sostenía la suave y bella cabeza. Sorbía a perfectos intervalos sin saber que el veredicto de sus zarpas había sido el mejor que una bestia (que no pidió nacer con su infernal aspecto) pudo dar; aún así la tristeza le recorría y se manifestaba físicamente en su rostro, en sus movimientos y en forma de otras lágrimas que le siguieron a la primera… la maldita tristeza no le abandonaba pues sabía que dentro de 17 horas vería los últimos rayos de la hermosa luna de octubre mientras la gente del pueblo le asesinaba por terminar con la vida de uno de los suyos.
El Krampus notó que tambien lloraba por el precio de hacer las cosas por instinto.
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Simplememente hermoso!!!