-No entiendo como es que me juegas esta clase de bromas, Babilonia no se hundió en Asia Menor y no esperaba que la miel fuera transformada en hiel. Algo como esto jamás me excitaría pero si es tu clase de ponerme a prueba, lo acepto y lo…-
Llevo gotas de aguamiel a mi boca y solo atino a preguntarme ¿De qué diablos habla? Uno se encuentra sentado, vamos, beber néctar de una hembra puede ser nirvana y mas cuando se mezcla con sudor y (el casi imperceptible) sabor del miedo, digamos que las excpectativas se superan por mucho y la calma que le sigue no es sino una monotonía esperando ser rota, esperaba hacerlo entre el ruido y los sudores de las bestias del bar hasta que este Sacerdote loco me balbucea palabras mientras la lluvia se aleja. Sigue hablando y la molestia va creciendo. Lo he ignorado pero al parecer la treta no funciona, el casi imperceptible sabor del miedo vuelve y no es por los sabores en mi entrepierna, esta vez creo que es mi sentido de sobrevivencia ordenándome que me levante y siga mi camino hacia ninguna parte.
-…de hiedra y maldiciones en lenguajes extranjeros largamente perdidos.
Así que…
solo pido… -
¿Por fin ha decidido callarse? No, hay algo mas que atrae su atención.
-Habeis llegado a tiempo, fiel Sacerdote-
Una dulce voz resuena detrás mío. La Chica Vacía luce desnuda y por un largo instante el bar queda en silencio. Con mirada perdida tras un pasón de heroína mira al Sacerdote y al mismo tiempo mira hacia la nada, como si estuviera atenta pues de un momento a otro el Big Bang le explotará en la cara y ella no podrá hacer absolutamente nada por evitarlo, por lo tanto prefiere quedarse a ver la bella y maravillosa explosión a correr despavorida huyendo y teniendo miedo en sus últimos instantes de vida. Pasa tras mi espalda como si no me conociera y mientras todos están embelesados yo planifico mi huída sin demora. Tres segundos depsues supe que era una mala idea pues ví a la Chica Vacía pedir al Sacerdote un pacto de vida.
Y es que intercambiar tragos baratos por simples puñados de arena siempre me ha parecido una mala idea. Las bestias en celo de aquel bar miraban atentamente sus pechos que temblaban entre el orgasmo de saberse elegida por la mano de algún dios multiforme. Yo no estaba dispuesto a que mis planes se vinieran abajo por la Chica Vacía que llevaba tres días chupando mi verga a intervalos irregulares así que aproveché uno de sus gemidos para arrastrar al Sacerdote a los urinarios…